El viajar es un placer

De cara al sol, como los girasoles

Posted on: mayo 30, 2011

Queda en Carlos Keen. Se come como los dioses. Y apoya una fundación que acoge chicos de juzgados de menores. Ocho razones para ir a Los Girasoles.

1. La gente. La atención es excelente. La cordialidad y el buen trato se da desde el chico que está cortando e pasto en la calle y que tiene la gentileza de indicarle a uno, perdido, dónde queda el restaurante, hasta los dueños de casa, a los que siempre se los ve dando vueltas por ahí.

2. La comida. Ideada por Martiniano Molina, no hay fisuras ni sabores que bajen del muy bien diez felicitado. Desde la degustación de entradas con panes caseros, paté de conejo, pollo en escabeche y humus de garbanzo hasta el postre (el marquís de chocolate roza la perfección y el flan casero es, increíblemente, aún más rico), pasando por una empanadita de carne para amenizar la espera o la selección de platos (bondiola con puré de batatas, ñoquis de rúcula, ravioles de borraja, conejito a la cazadora…). Se puede pedir cuantas veces el comensal quiera. El precio es 90 pesos por persona, sin cubiertos.

3. El ambiente. Hay un deck al aire libre y dos salones. En todos los casos, se respira aroma a campo (con el consecuente e inevitable olor a bosta en la parte de afuera, valga la aclaración).

4. Los vecinos de mesa. A la izquierda, unas vacas que pastan. A la derecha, unos patos que nadan tranquilos por un estanque.

5. La huerta. La mayor parte de los alimentos salen de ahí y está a la vista del público. Al igual que la granja con sus cabras, sus gallinas y sus conejos. Y eso no es nada: para custodiar los vegetales, tiene uno de los espantapájaros más cool que hay en kilómetros a la redonda.

6. La obra. Todo esto pertenece a la fundación Camino Abierto, que se ocupa de dar alojamiento y trabajo digno a los chicos que llegan del juzgado de menores.

7. La ciudad. Carlos Keen es un pueblo histórico de la provincia de Buenos Aires reconvertido en centro artesanal (los artesanos ocupan toda la antigua estación de trenes) y polo gastronómico. Es de fácil acceso (60 kilómetros por Autopista del Oeste más 13 kilómetros de ruta perfectamente asfaltada y señalizada) y muy agradable de ser recorrido a paso lento. Igual, puede decirse que Los Girasoles queda en las afueras de Carlos Keen (como si la ciudad tuviera “adentros”), porque hay que recorrer… 200 metros respecto de la plaza principal.

8. El cafecito en el estribo. Los comensales, cuando ya necesitan desabrochar simuladamente sus pantalones porque están a punto de reventar, tienen la opción de irse a un quinchito que hay adelante, servirse un café de cortesía y quedarse sentados en unos de los tantos asientos de jardín dispuestos sobre el verde, de cara al sol como los girasoles, para ver cómo pasan las horas cuando pasan más lentas.

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1 Response to "De cara al sol, como los girasoles"

Y se come, y se come, y se come…

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