El viajar es un placer

Piel de bebé

Posted on: mayo 18, 2011

Por primera vez en mi vida, me hice un tratamiento de spa. Y lo hice nada menos que en el hammam del hotel La Mamounia, de Marrakech. A continuación, un resumen aséptico de la experiencia:

– Primero, me recibe un joven lampiño en shortcito y me avisa que es quien me va a acompañar durante toda la travesía.
– Luego, me lleva a un cuartito totalmente colmado de humo, con agüita fría en el piso y un “clic clic” continuo que denotaba que algo estaba goteando. Me dice que es un hammam construido a la usanza tradicional de Marruecos y que me quede quietito en una punta. Me saca los anteojos para evitar que se empañen (o que se derritan) y me deja en una doble penumbra: la de mi hipermetropía y la de la nube de vapor que cubre todo. Me apoyo sobre una toalla en una especie de escalón que va de punta a punta. Enfrente, un señor se arrebuja en su propio escalón. Hago caso y me quedo quieto, contando de 60 en 60 hasta que pasan los 10 minutos.
– Una vez que me saca de allí, me lleva a una de esas duchas en las que el agua sale de todos lados. Me unta el cuerpo con un jabón negro al que denomina, precisamente, “jabón negro”. “Es para que se afloje la piel”, me dice para tranquilizarme. Sólo logra ponerme más tenso. Luego de una fregada completa, me enjuaga con agua fresca.
– El siguiente paso es dirigirme hasta una cama de piedra. Me ubico sobre una toalla y el muchacho lampiño empieza a rasquetearme todo el cuerpo con una de esas esponjas que al tacto asemejan una piedra pómez. “Estoy sacándole toda la primera capa de piel muerta”, me dice en un español dudoso. Cuando me levanto, unos diez minutos después, veo efectivamente un contorno de un segundo Walter que quedó apoyado sobre la toalla.
– Sin preguntarme nada, me unta con arcilla (“arcila”, dice él). Negra para el cuerpo, blanca para la cara. Me avisa que cuando termine, me voy a tener que quedar quietito unos quince minutos para que haga efecto. No pregunto cuál es el efecto que produce, no quiero saberlo. Mientras me frota, me da charla. “Al Jazeera da los partidos de Argentina… Son dos campeonatos… ¿Verdad? Uno es el closura y el otro… y el otro… y el otro”. “Apertura”, completo yo, pero no para ayudarlo, sino para que la conversación llegue a su fin.
– Quince minutos después, durante los cuales pensé potencias de dos, froté suavemente mi mallita para ver si la arcilla salía, enumeré un país por cada letra del alfabeto con su capital y repasé mentalmente uno a uno todos los títulos oficiales de Boca Juniors en su historia, mi amigo lampiño pasó a buscarme y me enjuagó con la ducha multiaguas. Acto seguido, me volvió a frotar, esta vez con jabón de naranja. “Es para hidratar”, fue lo último que le escuché decir.
– Salí de ahí con una doble sensación. Por un lado, mi incapacidad de comprender por qué la gente disfruta de esto. Por el otro, con una suavidad en la piel que sería la envidia del culito de cualquier recién nacido.

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1 Response to "Piel de bebé"

Faltaba un masaje capilar

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