El viajar es un placer

Sólo para hijos del rigor

Posted on: febrero 8, 2011

Crónica fallida de un restaurante que se caracteriza por la buena comida y por el mal trato que reciben sus clientes.

Ingeniero Maschwitz es un nombre que a muchos no les dice nada y que muchos otros no pueden decir debido a la acumulación de consonantes en la parte central. Pero es una localidad ubicada sobre el Ramal Escobar de la Panamericana. Si uno decide bajar luego del cartel indicador “Del Viso – Ruta 26”, tomar la colectora en dirección a Buenos Aires y hacer 200 metros hasta la calle Mendoza, sentirá que atravesó algún portal celeste hacia otra dimensión.

Porque allí se encuentra un bodegón cuyo nombre no pude identificar (no tiene ningún cartel visible) pero al que los lugareños denominan “de las viejas puteadoras”. Es un lugar mínimo, plagado de objetos de otros tiempos, con las paredes de un color que pareciera que les aplicaron algún efecto de sepiado por computadora y con unos bifes de chorizo que circulan sólo ida hacia las mesas y que tienen un aspecto infartante (y un aroma acorde).

Llegué y no había lugar. Pregunté cuánto tenía que esperar a una de las puteadoras que, según mi óptica particular, no era tan vieja. “No sé”, me espetó como quien trata de sacarse una mosca agitando la mano. “Recién llegan todos, pero los que se van a ir primero son los de la 9”. No tuve la sensación de que hubiera algo científico alrededor de eso, sino más bien militar. Es que ya me habían advertido que estas señoras, ni bien vislumbran que uno se clavó el último bocado, se acercan a la mesa y echan a los comensales sin piedad.

Lamentablemente, me quedé con las ganas de comer ahí porque la espera iba a ser más larga que en Ramona, ubicado a 200 metros y con mi mesa ya lista. Pero me agendé para volver. Primero, porque realmente quiero probar ese bife de chorizo. Segundo, porque necesito certificar la calidad puteadora de las señoras que lo regentean en persona (recomendación para el visitante: tener en vista un lugar para ir a tomar el café después si la idea es hacer sobremesa porque, como dije, aquí no van a poder). Tercero, porque en el fondo tengo algún elemento masoquista tratando de florecer.

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1 Response to "Sólo para hijos del rigor"

Yo fui.

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