El viajar es un placer

El placer de vivir en una ciudad con dos aeropuertos

Posted on: agosto 2, 2010

Llegada a Aeroparque: 5 AM. Horario programado del vuelo: 6.55 AM. Placer por haber tenido un recorrido en taxi media hora más breve y cincuenta pesos más barato: Alto.

Todo iba de maravillas hasta que miré el monitor para ver los detalles de mi vuelo. Ahí noté que había muchísimas opciones de aviones que salían en todas las direcciones, pero que ninguno lo hacía a Río de Janeiro, el destino que indicaba mi pasaje (que también decía, claro está, AEP, la sigla que determina que los vuelos sales desde Aeroparque). Me acerqué a un mostrador de informes y recuperé la tranquilidad. “Sale de acá, se ve que por algún problema no lo pusieron”, me dijeron. Acostumbrado a la ineficiencia que reina habitualmente en el puerto aéreo de la ciudad, confié en esas palabras. Pero todo volvió a desmoronarse diez minutos después, ya durante el check-in. “¿No le avisaron que el vuelo salía de Ezeiza?”.

Lloré amargamente, calculé que tenía tiempo para llegar a Ezeiza con un taxi y le rogué a la chica de Aerolíneas que avisara que estaba yendo para allá. “No puedo, porque si aviso y usted no llega…”, me dijo. Insistí. Insistió. Insistí. Insistió. Me di cuenta que estaba perdiendo el poco tiempo que me quedaba en insistencias, así que disparé sin saludarla.

El taxi que me llevó hasta Ezeiza literalmente voló y me depositó en el otro aeropuerto de la ciudad a las 6.15 AM. Pagué como pude y corrí hasta el mostrador. “A ver si todavía no está cerrado el vuelo”, me advirtió la señora con cara de bruja de Disney pero con muy buenos modos que me atendió. “Mmmm”, dijo, como quien busca preparar a su interlocutor para lo peor. “Está lleno… Qué pena que no pidió en Aeroparque que le reservaran un lugar”. Me cayeron unas cuantas lágrimas más cuando traté de explicarle que, en realidad, yo sí me había percatado de eso, pero que no me habían dejado. “Espéreme un segundo, que voy a ver si puedo hacer un OS”. (Nota del autor: aquí pudo haber dicho cualquier otro par de letras, no me acuerdo cuáles ni sé de qué se trata eso que iba a hacer).

Me dejó solo en la ventanilla esperando hasta las 6.43AM. Cuando ya no guardaba ninguna esperanza de subirme al avión, porque sólo faltaban poco más de diez minutos para el despegue, volvió, esbozó una sonrisa que reforzó su perfil brujesco, y me dijo que había conseguido el lugar para mí. Iba a ser en la última fila, en uno de esos asientos que no se reclinan.

Subí al avión agotado de cansancio, pero con una única alegría: iba a poder contar a todos una anécdota sobre cómo llegué a un avión segundos antes de despegara. Cosa que tampoco podré, porque por un desperfecto técnico, salió una hora más tarde.

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1 Response to "El placer de vivir en una ciudad con dos aeropuertos"

Charter, pibe… charter.

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