El viajar es un placer

Por qué prefiero “cancelación” antes que “demora”

Posted on: diciembre 10, 2009

Las líneas aéreas suelen ser tiranas cuando las cosas no les salen bien. Un avión que se descompone, un paro sorpresivo del personal, un camión de catering que pinchó goma en la Richieri o una guerra civil en el país de destino y ¡pumba!, el avión no sale a tiempo y uno empieza a pensar en las actividades que tenía programadas apenas bajaba de la aeronave y que ya no va a poder realizar.

Soy amante de las certidumbres. Las dudas, las sorpresas y los finales abiertos me ponen nervioso. Por esto es que prefiero toda la vida que un vuelo se cancele, lo que significa que me vuelvo a mi casa (si estoy en mi ciudad, si no, significa que duermo gratis en esos hoteles de aeropuerto que tienen nombre de cinco estrellas y categoría de pensión de barrio), que llamo a mis contactos en el destino y que les explico, no sin cierto pesar, que no voy a poder cumplir con mis obligaciones por razones que escapan a mi capacidad de control. Cuando un vuelo se demora, en cambio, empiezan a jugar todas las posibilidades psicópatas de los empleados de la aerolínea y a despertar todas las psicopatologías propias.

Hace unos pocos días tenía que embarcarme rumbo a Miami para firmar un contrato laboral, nada menos. Ni bien llegué al aeropuerto, noté una cola en el mostrador más larga que lo normal. Con mi pesimismo habitual, supuse que algo estaba fuera de su cauce. Mi optimismo oculto sufrió un revés: tenía razón. Los empleados estaban anunciando a los pasajeros que el vuelo, programado para las 20.30, estaba demorado. “¿Demorado cuánto?” preguntaban, no sin razón, todos aquellos que veían que su equipaje se iba por una cinta sin saber en qué momento volverían a reunirse con él. En todos los casos, la respuesta de los empleados era la misma. Cara al frente, mirada perdida. Como si entre ellos y el final del universo no hubiera nada ni nadie.

Mi optimismo oculto intentó una nueva jugada. “No importa, salen un montón de aviones a Miami, de última pido que me reasignen en otro avión”, pensé. Pero claro, después de batallar durante un largo rato, de que nos dieran un vale para comer un sanguchito (más para sacarnos de encima que porque se preocupaban por nuestra alimentación) y de que nos agitaran con tanta falta de respuesta, el plasma de información se iluminó con datos concretos. O más o menos concretos. “Estimado: 23.40”.

Estos datos ocultaban una doble mala noticia. Primero, que el hecho de que era “estimado” ese horario seguía sin confirmar nada. Segundo, que a las 23.40 todos los vuelos a Miami ya habían partido, por lo que si en ese instante cambiaban la “demora” por “cancelación” ya no había vuelta atrás. En ese momento, mi optimismo oculto decidió dar un portazo y dejar de insistir, dando rienda suelta a mi pesimismo habitual.

De más está decir que a las 23.40 todavía no habíamos empezado el embarque. Como no uso reloj y dejé el celular apagado desde un buen rato antes (no fuera cosa de que me olvidara de hacerlo con el avión ya en movimiento y estalláramos todos en el aire por culpa mía), no puedo determinar exactamente a qué hora salimos. Debe haber sido muy tarde, porque arribamos a Miami mucho después de lo que el plan de viaje que me había llegado por mail decía. Pero, por suerte, con el tiempo suficiente como para que pudiera completar todas mis obligaciones. Es evidente que tanto tardó en despegar el avión que mi pesimismo habitual debió de haberse quedado dormido.

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6 comentarios to "Por qué prefiero “cancelación” antes que “demora”"

Mi avión siempre sale a horario, como el de Ian Stranger…

Straaanger / Ian Stranger / Straaaaanger (cantar con la música de Stranger, de Depeche Mode).

Guau!

Una vez, por una demora que derivó en cancelación, llegué tarde a Esquel y me perdí de viajar en La Trochita, y ya no pude tener otra oportunidad porque el viaje debía continuar… Fue fulero.

Digamos, Mariana, que no puse en el post la ley fundamental de las cancelaciones: si no hay riesgo de que te pierdas nada en destino, seguro que no habrá cancelación.

el problema es tambien la espera en el aeropuerto… horas y horas sin nada que hacer, sin un libro, con comida que vale una fortuna y no alimenta, sin internet y, por ende, sin porno… asi no se puede vivir!!

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