El viajar es un placer

Blanca y radiante

Posted on: octubre 2, 2009

Me sigo autorrobando con aires de islas griegas. Esto salió publicado hace dos años en la extinta revista ManWoman bajo estricto seudónimo.

Llegar al centro de Mykonos, ver las callecitas, las casas, todo de un blanco inmaculado, sentir el olor a gyros (un envuelto de masa que se rellena con carne y ensaladas) que envuelve el aire, descubrir cientos de campanarios de iglesia, casi en proporción exacta con la cantidad de viviendas, y sentir el típico bullicio griego son distintas señales de que ya se llegó al paraíso. Sin embargo, en esta pequeña isla, que forma parte del conjunto conocido como Cícladas, en Grecia, todo esto es apenas el comienzo del recorrido por uno de los lugares más bonitos que tiene el planeta.

Si bien la isla es pequeña, es difícil de ser recorrida, por lo que lo mejor es alquilarse un auto y garantizarse llegar en cinco minutos a los distintos rincones. Existe un servicio de bus, pero si no es temporada plena, la frecuencia puede no ser la deseada y se perderá mucho tiempo en esperas. Y, a medida que se descubre Mykonos, cada minuto desperdiciado se lamenta. Otra alternativa es el taxi, bastante accesible, incluso para los devaluados bolsillos argentinos.

Arena y sol
Todo el contorno de Mykonos está constituido por playas, de diferentes estilos y que apuntan a públicos más que distintos. Curiosamente, las menos paradisíacas llevan como nombres “Paradise” y “Super Paradise”. Estas están orientadas a público joven y, ni bien la tarde comienza a caer, un DJ toma la posta y convierte la arena en un espacio de fiesta.

Si el ánimo es descansar en medio de una paz absoluta, las elegidas deben ser Psouras o Platos Gios, que muestran un mar transparente y más que calmo, que toma el color exacto del cielo en los puntos que tienen piedras en el fondo y turquesa cuando el fondo es de arena. Estas playas están bordeadas por montañas que prácticamente las dejan escondidas. Si uno tiene la paciencia suficiente como para pararse en la orilla y quedarse quieto, verá pasar cientos de cardúmenes de pescaditos.

Lo mejor: para trasladarse entre playa y playa, hay que atravesar por caminos muy angostos, de montaña. A cada instante aparece frente a los ojos una postal que merece ser fotografiada.

Atardecer soñado
Uno de los imperdibles de la ciudad, tal vez “el” imperdible, es Little Venice, un sector de cara al mar repleto de bares y restaurantes muy románticos, que tiene un plus inmejorable: uno de los mejores atardeceres que puedan verse. El sol cae recto sobre el agua, dejando una estela amarilla que llega casi hasta las mismas copas de vino que, se recomienda, se degustan en las mesas de estos locales.

Otro punto destacado de Mykonos es que la atención en hoteles y restaurantes suele ser más que amable, por lo que no existe ninguna excusa para no pasar aquí unos días perfectos.

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