El viajar es un placer

Tragedia y belleza griegas

Posted on: octubre 1, 2009

La peor erupción volcánica de la historia, playas de arena negra, mar turquesa, la posibilidad de que allí haya estado la Atlántida y uno de los atardeceres más bellos del planeta son sólo algunos de los atractivos que hacen de Santorini un sitio único (Autorrobada de Bacanal… salió hace bastante, eh).

La belleza, en ocasiones, puede ser consecuencia directa de la tragedia. Santorini, la más renombrada de las Islas Cíclades griegas, es testimonio de esa afirmación.

Si uno tiene la fortuna de llegar en alguno de los innumerables y frecuentes ferries que salen desde el Pireo, el puerto de Atenas, comprenderá la parte relacionada con la “belleza”. Desde la embarcación, se vislumbra como una inmensa montaña de color negro (con salpicaduras de rojo y blanco) que emerge en el medio de las aguas turquesas del Mar Egeo, chorreada en distintos puntos de innumerables casitas de color blanco y, por supuesto, de esas cúpulas celestes características del lugar.

Pero para convertirse en eso, Santorini debió soportar la “tragedia”, el enojo de un volcán, que hacia el año 1550 antes de Cristo vomitó toda su furia en forma de lava y le dejó su forma de medialuna y sus características geológicas.

La capital de la isla es Fira, ubicada sobre el extremo de un precipicio que mira a la “Caldera”, el hueco que originalmente dejó el volcán y que el mar se ocupó de llenar. La mejor forma de conocer este lugar es elegir al azar cualquiera de sus pasajecitos mínimos y empedrados y comenzar a caminar sin rumbo, descubriendo en cada rincón una casa más hermosa que la anterior, una puerta de madera labrada impactante o una nueva cúpula celeste “que podría ser la que sale en todas las fotos”. El entramado de calles se encarga de confundir a la persona más orientada. Los mapas aquí carecen de utilidad. Una visita obligada en Fira es al Museo Arqueológico, que muestra objetos encontrados en la isla que permiten reconstruir su historia.

Una excursión caliente
De la amplia gama de excursiones que se ofrecen por todos lados, la más recomendable es la que va hasta el volcán Nea Kamani, un islote independiente que se encuentra justo enfrente de la isla de Santorini, al que se accede sólo por barco. El suelo es todo de lava volcánica y se ve similar al carbón que precede un buen asado. Se puede recorrer a pie.

Los amantes de las narraciones disparatadas aseguran que en esta región pudo haber estado la Atlántida, continente “perdido”, presumiblemente sumergido en el mar, cuyos habitantes habían logrado un nivel científico, tecnológico y social superior, incluso, al de la actualidad. Si bien la leyenda tiene tintes míticos, existe evidencia de que los antiguos habitantes de esta zona estaban más desarrollados que sus contemporáneos. El volcán, no obstante, borró muchas huellas.

Las aguas interiores de Nea Kamani son termales y un poco más verdosas. Si bien es cierto que es un placer bañarse en ellas, atención: el barco llega a 40 metros de distancia de las hot springs, por lo que para alcanzarlas es necesario nadar en agua fría (y dependiendo la época del año, puede estar muy fría) e infestada de aguas vivas. Otro islote, Pequeña Kameni, surgió del mar en 1753.

También enfrente de Santorini se encuentra Thirassia, una pequeña isla que parecería ser una reducción a escala de la primera. El puerto es pequeño y pintoresco, con algunas tabernas típicas. Pero lo verdaderamente lindo se vislumbra cuando se llega a la parte superior: vistas magníficas, postales maravillosas. Eso sí, para alcanzar la cumbre hay que subir una suerte de escalera que tiene 800 peldaños, en un recorrido de más o menos 20 minutos en ascenso. Quienes creen no tener el suficiente aire para esa empresa pueden contratar el único servicio de transporte disponible: burros.

La vuelta a la isla
Santorini es mucho más que Fira. Para recorrerla, es recomendable tener un auto, porque si bien la isla es pequeña y las distancias son cortas, prácticamente no hay diez metros seguidos de llanura. Además, fuera de temporada, el transporte público puede llegar a escasear. Los automovilistas notarán enseguida que los caminos de cornisa que se presumen harto peligrosos son fácilmente dominables. En particular, cuando observen que los lugareños no despegan el pie del acelerador ni ante la más amenazante de las curvas.

Todas las villas de la isla tienen encanto y atractivo. El recorrido debería incluir Imerovigli, con construcciones más modernas y Pyrgos, pequeña y pintoresca por demás. En los bordes, algunas playas con una característica distintiva: sus arenas negras. De la oferta en este sentido, los lugareños recomiendan, sin dudarlo, Piravolos.

Y ya que los nativos llegaron a la conversación, vale la pena aclarar que salvo en aquellos lugares específicamente estructurados para el turista (algunos hoteles, los locales del centro de Fira), el inglés como idioma brilla por su ausencia. El lenguaje de señas, por lo tanto, cobrará mucha importancia.

Akrotiri está convirtiéndose de a poco en la nueva estrella del lugar. Se han descubierto allí en nuevas excavaciones vestigios de un pueblo completo, aparentemente en perfecto estado de conservación gracias a que fue cubierto por una capa de lava. Allí se ven las calles, las plazas y las casas de dos pisos que lo conformaban. Lamentablemente, el parque arqueológico aún no está abierto al público, porque aún se encuentran en plenas tareas de acondicionamiento.

Oia: una expresión de asombro
Si algo distingue a Santorini, no obstante, es que tiene una de las mejores puestas de sol del mundo, que puede verse en la villa de Oia, en el extremo de la isla, tal vez la más “cuidada” desde lo estético.

Para llegar a la parte superior, de nuevo habrá que hacer un ascenso esforzado. Una vez más, los burros se presentan como alternativa de transporte, lo que genera dos complicaciones para los que se deciden por hacerlo a pie: que el suelo está lleno de caca de estos animales y que cada tanto aparece una estampida que baja a gran velocidad para recoger nuevos paseantes en el puerto, en la parte inferior.

En Oia está lleno de bares con terrazas, todos dispuestos de forma tal que pueda disfrutarse desde sus mesas el rítmico ocaso. Hacia el final de la tarde, el sitio se llena de paseantes, por lo que cuanto antes se llegue, mayor es la probabilidad de obtener un buen sitio para ver este espectáculo. En los momentos previos a que el sol oculte su cara, se genera un silencio absoluto, como de respeto, que se rompe sólo cuando el Astro Rey deja de estar visible.

El sol se pone. Los enamorados se miran a los ojos y sonríen. Una chica derrama una lágrima de emoción. “Qué cliché”, piensa uno durante un instante. Pero, lejos de combatirlo, inmediatamente llama al mozo, pide un vino bien local, y se rinde al placer de formar parte de ese escenario.

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1 Response to "Tragedia y belleza griegas"

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[..]Articulo Indexado Correctamente[..]…

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