El viajar es un placer

Atenas: la historia sin fin

Posted on: marzo 26, 2009

Debido a su riqueza arqueológica, la capital de Grecia se muestra como un infinito museo al aire libre. Sólo con un poco de planificación y mucha curiosidad, el viajero puede acceder a todas sus riquezas (Autorrobado de Bacanal).

“¿Por dónde empiezo?”. No, no es que tenga dudas sobre cuáles deben ser las primeras líneas de este recorrido por Atenas. Simplemente, se trata de la primera expresión que subirá a la cabeza del visitante ni bien toque suelo en la capital griega. Es que como buen albergue de una de las civilizaciones más importantes en el desarrollo de la historia de occidente, esta ciudad es también un museo infinito al aire libre, en el que cada ruina y cada rincón merece ser explorado, analizado y comprendido.

Existe, no obstante, un punto de partida inevitable que está a la vista de todos: la Acrópolis, la parte “alta” de las ciudades griegas que se caracterizaban por ser donde se construían los templos consagrados a los dioses y donde se desarrollaban algunas de las reuniones más importantes celebradas por los mandatarios políticos y religiosos de su era. La Acrópolis de Atenas se ve, literalmente, desde cualquier punto de la ciudad. Y cuando uno está abajo la siente inalcanzable, pero a medida que se recorre alguno de los laberínticos caminos que llevan hacia ella, todo se siente más accesible. Un dato no menor: la señalización es bastante mala, por lo que al ascenso hay que calcularle unos veinte minutos más de lo que estiman los habitantes de la ciudad, que será el tiempo utilizado en girar mal, perderse, llegar hasta una valla con carteles poco amistosos y retomar la senda correcta.

Una vez arriba, ni los ojos ni la memoria flash de la cámara digital (ni hablar si todavía se tiene una con rollo) serán suficientes para capturar todo lo que hay para ver. Imperdible el Partenón, un templo en honor a la diosa protectora de Atenas, considerado por muchos como una de las obras arquitectónicas más bellas de la historia. Aquí también hay que visitar el Museo de la Acrópolis y el Templo de Atenea Niké, que, atención, no es un outlet de ropa deportiva. En uno de los laterales del Erecteión está el famoso pórtico con las cariátides (figuras femeninas esculpidas que cumplen la función de una columna).

De ruina en ruina
La riqueza arqueológica de Atenas no se acaba nunca. También por esta zona hay reflejos de la vida cultural (el Odeón de Herodes, el Teatro de Dionisio –donde se estrenaron obras de Sófocles y Esquilo, por citar sólo dos-), de la vida política y económica (Ágora Antigua). Un detalle: es cierto que cada monumento importante tiene una explicación clara, concisa y detallada al lado, pero siempre es mejor tener una persona experta a mano que pueda dar mayor información o, al menos, una guía de viajeros bien documentada, para aprovechar al máximo el recorrido. Los que no pueden volver de un viaje sin una buena foto panorámica de la ciudad visitada, tienen que sí o sí ir hacia el Monte de Filopapos, donde obtener la instantánea es más que sencillo.

Ya en la ciudad, en la zona de Plaka, están el imponente Templo de Zeus en Olimpo y el Arco de Adriano. Además, será imposible no toparse con otras ruinas “menores”, como el ágora romana (de entrada gratuita), el Panathinaikon (el estadio antiguo, remodelado para los primeros juegos olímpicos de la era moderna, en 1896) o, incluso, unos baños romanos encontrados de casualidad mientras se hacía una ventilación para el subte, en la zona de Syntagma Square. Para terminar con el recorrido “ruinoso”, el Museo Arqueológico Nacional. Un sitio monumental para entender toda la historia de la civilización griega, pero al que hay que entrar con una advertencia: es gigante. Por lo tanto, lo mejor es armarse un plan de visita y saber a priori qué se quiere conocer y no intentar recorrerlo completo.

Para descomprimir tanta vista de piedra antigua, lo mejor es darse una vuelta por el Parque Nacional, con verdaderos mini-bosques, tan frondosa es la vegetación. Otros paseos entretenidos son el Mercado Central, donde se ve a los carniceros locales cortando reses a cualquier hora y donde los puesteros tienen como costumbre comunicarse a los gritos, o el Mercado de Pulgas en Monastiraki, aunque este último cada vez pierde más su pintoresquismo original, hasta convertirse en una multitienda de primeras marcas truchas. Y si uno de verdad extraña el bullicio y los locales del barrio de Once, en Buenos Aires, tiene una especie de clon en la Avenida Venezilon.

Ese no sé qué
Es casi una obligación moral pasar por Syntagma Square, algo así como el centro cívico, donde están la casa de gobierno, el parlamento y el monumento al soldado desconocido. Con un poco de suerte, si se llega en los alrededores de las once de la mañana, se puede ver un extravagante y entretenido cambio de guardia.

Cuando empieza a atardecer se puede ir hasta zona de onda: Kolonaki. Tiendas de moda de primeras marcas (las de verdad), hoteles de diseño y bares con aire top como para tomarse una copa de vino griego o un café en los alrededores de la placita.

Otra opción es salir a recorrer las callecitas de Plaka, un barrio apoyado en la falda de la Acrópolis, que está repletos de esos negocios que venden souvenirs feos y de tabernas típicas, desde las que salen maitres con menús en la mano y prácticamente obligan al paseante a sentarse allí a probar la especialidad de la casa, que casi siempre es moussaka (una especie de pastel de berenjena y carne) o ensalada griega (tomate, pepino, queso feta, aceitunas negras y especias varias). Más allá de su cualidad netamente turística, Plaka es también el punto de paseo característico de los atenienses, porque la mayoría de los restaurantes tienen precios accesibles (y sus mesas están al aire libre) y porque el tránsito está restringido, lo que le da a la zona un halo de tranquilidad bastante atípico en la ciudad. Otra de las ventajas de Plaka es que ofrece vistas hermosas del Partenón iluminado.

De todas maneras, los lugareños insisten con que este barrio no es lo que supo ser y que perdió mucho del encanto original, cuando era el sitio de congregación de artistas y bohemios que vendían arte en la calle o tocaban música en las esquinas. Pegadito a Plaka, hacia el oeste, está la mencionada zona de Monastiraki, que además del Flea Market tiene algunas ferias de antigüedades y puestos de esos en los que si uno no regatea lo miran como a un bicho raro. Otros barrios cercanos con calles pintorescas y lindos para caminar son Psiri y Anafiotika, que guarda la estética de casas blancas de Mykonos o Santorini.

Atenas es una ciudad con una riqueza histórica que pocos lugares en el mundo pueden jactarse de tener. Por eso, así como el viaje abre con una pregunta, “¿por dónde empiezo?”, termina también con otra: “¿cuántas cosas me habré perdido?”.

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