El viajar es un placer

Abierto todo el año… pero no todo el día

Posted on: febrero 5, 2009

En plena adolescencia, llegué con un grupo de amigos a la ciudad de Tiberias, en Israel. Nos hospedamos en un hostel de ambiente cálido que tenía una leyenda en la puerta: “abierto todo el año”. Recién después de pagar por la habitación, notamos que nos había faltado leer la letra chica.

Fundada por Herodes Antipas en el primer siglo anterior a la era cristiana, la llamada “Ciudad de los tesoros” guarda innumerables piezas históricas (de hecho, es uno de los sitios preferidos por los arqueólogos de pico y pala), incontables leyendas (todo parece indicar que aquí Jesús anduvo haciendo de las suyas) y una colina que no vale la pena escalar a pie… salvo que uno tenga muchísimo tiempo libre.

Eso fue precisamente lo que nos sucedió a mis amigos y a mí y por eso tuvimos que usar una jornada completa en convertirnos en improvisados alpinistas. Es que por alguna razón que no recuerdo decidimos pasar un fin de semana en esta ciudad y por una razón que sí recuerdo (bajo presupuesto) elegimos el hostel más barato que se nos cruzó por el camino para hospedarnos.

El hombre que nos atendió en el mostrador fue amable y simpático desde el momento en que llegamos hasta el instante preciso en que terminó de contar los shekalim que habíamos abonado por la habitación. Fue entonces cuando arrugó un poco la frente, nos miró directamente a los ojos a todos al mismo tiempo y nos dijo en perfecto hebreo: “ah, yo en esta época del año cierro todos los días a las diez de la mañana y recién vuelvo a abrir a las siete de la tarde”.

Así que pasamos ese fin de semana levantándonos muy temprano, huyendo a las corridas del establecimiento (no fuera a ser que el candado abrochado nos encontrara del lado de adentro) y generando actividades incluso donde no había alternativas para mantenernos vivos a pesar del frío bajo cero que asolaba hasta que se hiciera la hora de poder regresar. Incluso, este buen hombre siempre llegaba un poco más tarde (digamos, siete y media), por lo que hasta nos permitió generar gratas tertulias en la puerta del hostel, entre narices chorreantes, manos apretadas en los bolsillos, cuellos de poleras levantados más allá de sus límites físicos y humito en el aire detrás de cada palabra emitida, que sirvieron para fortalecer los lazos fraternales entre todos los que habíamos sido víctimas del cartelito “abierto todo el año”.

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1 Response to "Abierto todo el año… pero no todo el día"

Cua!!!

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