El viajar es un placer

Lujo (y basura) sobre el mar

Posted on: enero 29, 2009

Tragos con sombrillitas por pocos dólares (en la época del uno a uno, hasta se podían invitar rondas completas), un casino palaciego que invitaba al vicio a partir de un continuo tin-tin-tin de sus máquinas tragamonedas y un deck desde el que se podía disfrutar la piscina y los jacuzzis si se miraba hacia adentro y el Mar Caribe si se giraba la vista más allá de la barandita eran algunos de los placeres que regalaba el Carnival Victory en el hoy lejanísimo 2001.

Jóvenes en mallas minúsculas y viejas zarpadas con ganas de mostrar las tetas. Cuerpos esculpidos que habían llegado allí en busca de sol y de las miradas ajenas y los típicos obesos yanquis que perseguían el buffet libre las 24 horas del día. Una gran apuesta a la salud (gimnasio, agua mineral, contacto con la naturaleza) y todo para una muerte temprana (exceso de alcohol y de grasas). Mozas casi albinas llegadas de Croacia, Eslovenia y Ucrania y mozos negrazos desembarcados de Trinidad y Tobago o San Vicente y las Granadinas.

En un ámbito de contrastes, como era este crucero de dos cuadras de largo y 13 pisos de alto con capacidad para unos 3000 pasajeros y 1000 tripulantes (estoy hablando de memoria, pero más o menos las cifras eran esas… si Carnival decide mandar una carta documento, que lo haga por otra razón), que salía de Miami y volvía al mismo puerto unos días después, luego de hacer bajar a sus pasajeros en St. Thomas, St. Croix y San Juan de Puerto Rico (¿o había sido en Cozumel, Islas Caimán y Ocho Ríos?), era lógico que entre tanto despliegue de lujo (había que tener un esmoquin para la cena con el capitán, los camareros dejaban toallas en las camas con formas de animalitos) hubiese espacio para algo de los bajos fondos.

El primer día se lo notaba con esfuerzo. Era una finísima partícula que navegaba por el aire y que apenas hacía interferencia con el aroma a perfumes comprados en el free-shop reinante. Durante la segunda jornada se hizo más notorio. Ya con la tercera salida del sol se no podía entrar en la habitación a causa de la pestilencia: una mezcla de comidas rancias, orines acumulados y cuerpos en descomposición. “Es que ha tenido mala suerte –se vio obligado a confesarme el encargado del piso en el que se ubicaba mi camarote, que estaba por debajo del nivel del mar-. Justo la ventilación del sitio donde guardan la basura pasa por aquí”.

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1 Response to "Lujo (y basura) sobre el mar"

Yo no estaba!!!!

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