El viajar es un placer

El ángel guardián de Narbona

Posted on: diciembre 12, 2008

Narbona está constituida por una capilla y un casco de estancia del Siglo XVII. Se ubica a unos 60 kilómetros de Colonia del Sacramento yendo por la ruta 21 y, a pesar de que lleva más de treinta años en poder del Estado uruguayo, no se ve ninguna tarea de restauración, ni ningún gift shop para exprimir a los turistas… ni siquiera hay una entrada visible.

En efecto, el visitante que hizo los dos kilómetros por un camino de pasto con la huella de ruedas automovilísticas marcadas, se topará en un momento dado de su travesía con un cartel que anuncia “Narbona”, pero sin ninguna puerta que le corresponda. Los más osados, entenderán que se trata de esa tranquera cerrada, la abrirán (con cierto cuidado, porque está repleta de hormigas negras que, ni bien huelen el olor a carne fresca de su mano, se vienen todas al humo) y seguirán campo adentro, con una sensación intensa de que se está violando una propiedad privada.

Cuando se llega a un punto del camino en el que no se puede seguir, la sensación se convierte en una cuasi realidad, porque el sonido de apertura de la puerta del auto se da casi al unísono con los ladridos de dos o tres perros que se acercan a las corridas y en un tono que, en principio, no parece muy amistoso. Los que se asusten y huyan despavoridos, se perderán (no por culpa propia), una de las más bonitas experiencias de viajes que pueden vivirse en Uruguay.

Porque si se resiste un poco, del interior de una de las modestas casillas que habrá al lado de su auto emergerá la figura de María Julia, una señora con varias décadas vividas y que tiene a su cargo el cuidado del lugar. Con cara de pocos amigos, pregunta: “¿Qué buscan?” y, ni bien uno le responde que quiere visitar la capilla de Narbona, en su rostro se dibuja una sonrisa. “Siga por allí –señala a su izquierda-, que enseguida la va a ver”.

Las ruinas no tienen ninguna señalización, ni carteles que cuenten su historia, ni pinta de que van a poder permanecer en pie durante mucho tiempo. Cuando ya se hicieron las fotos de rigor, incluyendo una a la hermosa santa rita que domina el patio, reaparece María Julia, limpiándose las manos en un repasador como una ama de casa que recién termina los quehaceres de la cocina y, sin interrupciones, se pone a despotricar contra el gobierno. Así uno se entera de que ella nació allí y de que su madre también había trabajado allí toda la vida; que las paredes peladas estuvieron revestidas de mayólicas hasta no hace mucho, cuando los organismos que deberían cuidar el espacio prefirieron desvalijarlo; que los entes oficiales no le dan ni los aportes mínimos para que ella pueda comprar los artículos de limpieza; que por las noches ella misma transporta todos los elementos “llevables” a un armario con llave dentro de su casa para evitar robos y que los vuelve a poner en su lugar todas las mañanas…

Esto lo narra mientras, en simultáneo, lleva al visitante por un tour guiado, explicándole qué razón de ser tuvo cada una de las partes del lugar durante su época de esplendor. Y hasta levanta una tapa en el piso, muestra un incipiente túnel que, según declara, tenía cuatro ramificaciones, cada una con más de 20 kilómetros de largo, todas con el objetivo de que los dueños del lugar pudiesen escapar ante un potencial malón, y lapida: “las personas que tendrían que haber recuperado esto sólo se ocuparon de tapiarlo, así que ahora el túnel llega hasta aquí, nomás”. Y el “aquí” va en compañía de una mano que señala una pared de concreto a treinta, cuarenta centímetros de distancia.

María Julia muestra un sentido de pertenencia total y absoluto. Está en “su” casa y la cuida con amor y un esfuerzo que nada tiene que ver con el exiguo sueldo que recibe por hacerlo. Por eso, cuando uno se va del lugar, no puede evitar pensar con visión de futuro y hacer cálculos, todos pesimistas, sobre cuánto tiempo logrará Narbona sobrevivir a María Julia, su ángel guardián.

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7 comentarios to "El ángel guardián de Narbona"

Y no te pasó que te hiciera sacar fotos porque “no hay más católico que un argentino”?

He visitado hace dos o tres años Narbona y mi experiencia fue exactamente igual. Me impresionó del relato cuando comentó que el rojo de la pintura que todavía puede verse en el que era el comedor era producto de la sangre de las reses, también el sitio al lado de la chimenea para que descansaran losesclavos que cuidaban que el fuego no se apagase- Es muy interesante y no hay ningún cartel de COCA COLA…….TODO UN LUJO

Muy interesante todo!

Pero qiero conocer mas sobre las leyendas de la virgen…

A esta altura me parece que cualquier historia sobre una virgen es una leyenda, Nanu…

hola

Coincidencia total!!!! Cuantas Maria Julia, hacen posible lo imposible, y mas de un “caudillito” habrá juntado votos y desaparecio despues, olvidado de promesas eternas. Si, esta totalmente abandonado, pero el ambiente de virginidad ayuda a que no lo invada la modernidad. Lo que no impide un mantenimiento auténtico. En cuanto a María Julia, que verguenza “señores” del gobierno, ¡que vearguenza, hasta la escoba compra ella! Humanidad, respeto, eso les hace falta. Sabrá de su eistencia Mujica? Le haría falta un baño de auténtica espiritualidad!!!!

De paso… si alguien sabe qué es de la vida de María Julia (la de Narbona, no la otra) que me lo haga saber.

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