El viajar es un placer

El conurbano seattlino

Posted on: noviembre 25, 2008

Kirkland es una pequeña ciudad suburbana que es a Seattle lo que Lanús es a Buenos Aires… salvando algunas pocas distancias, claro.

Desde el puerto de Kirkland se pueden hacer algunos bonitos paseos en mini cruceros para recorrer el lago Washington. Es en esta travesía, que dura apenas una hora o una hora y media, durante la cual uno comienza a entender las diferencias básicas entre Lanús y Kirkland.

– El transporte público por excelencia para recorrer Kirkland son unos yates finísimamente amoblados. Una vez arriba, el pasajero puede disfrutar de una vista con frondosas arboledas y un espejo de agua grisáceo y cristalino.
– Para recorrer Lanús sobre un transporte público, sí o sí hay que apelar al colectivo, que transitará calles como Hipólito Yrigoyen (en el mejor de los casos), que, mirada con cierto criterio creativo, puede ser cualquier arteria de los Balcanes en plenos 90, justo después de un tiroteo.

– Una vez arriba del yate, el pasajero es convidado con champagne y con algún tentempié, que puede ser un canapé con salmón o alguna otra especie típica de las que se dan con frecuencia por la zona.
– Una vez arriba del colectivo, el pasajero tiene que tener cuidado de que no le roben ninguna de sus pertenencias y ubicarse de tal modo que no pueda ser apoyado desde atrás por algún otro pasajero.

– El yate recorre todo el perímetro del lago Washington. Gracias a eso, es posible ver las mansiones descaradamente gigantescas que emergen aquí y allá. Los guías advierten que si uno vuelve a hacer el recorrido un año después, la fisonomía del lugar cambia por completo.
– Si el colectivo recorre lo suficiente por Yrigoyen, el pasajero pescará algún que otro chalecito en buenas condiciones y se dará cuenta de que la sede del club Los Andes, en Gerli, está igual de abandonada que hace ochenta años.

– Cada una de las mansiones tiene estacionado, en una especie de embarcadero, un yate. Sólo los más afortunados poseen, además, un pequeño helipuerto personal.
– En algunos chalecitos se ven unas bicicletas Bianchi bastante pulentas. Y en los mejorcitos, aparece algún que otro Renault 18 o Ford Sierra.

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1 Response to "El conurbano seattlino"

Discutimos con mi amigo Roberto los dramas de circular por Lanús y acordamos que nos iríamos al yate del lago Washington sin pensarlo.

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