El viajar es un placer

Gratis, lo que se dice gratis…

Posted on: noviembre 4, 2008

Hace un par de posts hablábamos sobre los desayunos de hotel que están incluidos en el precio de la habitación. Pero atención, porque con un pequeño descuido, uno termina pagando más que en el mejor bar de la ciudad.

Atención con los neófitos de cinco estrellas: a veces, durante el desayuno incluido, aparece una trampa cazabobos. Se da, por ejemplo, en el Hyatt de Santiago de Chile, hotel del que hablé en alguna otra oportunidad. Sobre el final de la comilona se acerca un mozo con la cuenta, te la apoya en la mesa al lado de tu codo y te dice: “es para que la firme cuando usted se sienta a gusto, sólo para control interno”. Antes de irse, advierte: “está el importe del desayuno, pero no le preste atención, como le dije, es sólo para control”.

Uno sonríe por dos razones. Primero, porque el señor que trae la cuenta desborda simpatía (de hecho, tengo la fuerte sospecha de que hacen algún tipo de casting específico, con avisos en el diario que dicen “se busca persona agradable, para sacudir billeteras avaras”). Segundo, porque a esa altura uno ya tiene el cerebro aletargado de facturitas rellenas de chocolate (se las recomiendo a cualquiera que tenga que desayunar en este hotel, son fantásticas), huevos revueltos y el omelette que ordenó además de los huevos revueltos de pura gula.

Cuando uno abre la adición, descubre que, además de las líneas punteadas en las que hay que poner el nombre, la firma y el número de habitación, surge un cuarto espacio en blanco, con el rótulo “tip” a su izquierda. Dicho de otra manera, le están pidiendo a uno que deje una propina sin la menor sutileza. Hasta aquí, la primera parte de la trampa cazabobos. Por vergüenza o por voluntad, uno termina dejando algunos dólares de dádiva que no tenía calculados en el presupuesto original. Pero falta lo mejor: la segunda parte.

Estamos en el ámbito de un hotel cinco estrellas y todos sabemos que para no quedar como roñosos en un restaurante tan lujoso hay que dejar, como mínimo, el 10 por ciento de la cuenta. Y el importe que trae esta adición, al que no habría que prestarle ninguna atención según el señor simpático, en general se sitúa entre los 40 y los 50 dólares por persona.

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