El viajar es un placer

El 9, un número mágico en Amsterdam

Posted on: julio 21, 2008

El 9 no es un número místico como el 23 de la película de Jim Carrey ni afortunado como el 8 de letras “o” estiradas que siempre anuncia Riverito. No tiene propiedades matemáticas particulares como el 1 o el 0 ni la fama internacional que ha ganado el 3,14 bajo el mote de “pi” (autorobado de Bacanal).

En Ámsterdam, no obstante, el 9 toma ribetes sorprendentes, casi mágicos. Es que la zona trendy por excelencia estos días es la denominada “9 Straatjes”, cuya traducción podría llevarse a “9 Callecitas”, en la parte antigua del centro de la capital holandesa y a apenas pocos metros de la casa en la que vivió Ana Frank, hoy devenida en un museo que la conmemora.

Como su nombre lo indica, se trata de 9 calles, las transversales a los principales canales en esa zona: Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht. Ese afluente de agua le da, en un principio, un marco romántico y agradable como para emprender una caminata. Apenas se da un paso por cualquiera de esas arterias, el visitante ya queda envuelto por las típicas casas de la ciudad: fachada trabajada en ladrillo, una o dos plantas y un pequeño altillo que le da una terminación a lo alto en forma de triángulo, similar a los dibujos de la “casa ideal” que todos hacemos cuando somos pequeños.

Muchas de estas casas, además, son extremadamente angostas, lo que refuerza esa sensación de que uno acaba de caer dentro de un cuento de hadas ambientado en el siglo XVII, el período de mayor crecimiento y prosperidad para la actual capital holandesa.

A paso lento
El hecho de que las calles sean sólo 9 no significa que sea un área que pueda recorrerse en poco tiempo. Todo lo contrario. Al mejor estilo “show life”, la mejor recomendación para este sector de la ciudad es tomarse cuanto tiempo disponible haya como para recorrer cada uno de sus rincones, descubrir todos sus tesoros y tomarse un cafecito o comer algún sandwich gourmet en la calle, mirando los canales y las embarcaciones pasar.

Porque, y aquí viene el secreto de qué es lo que hace diferente a las 9 Callecitas, cada cuadra tiene decenas de cosas para ver: vidrieras con artículos extravagantes, diseños de moda que no se encontrarán en otras latitudes, casas de antigüedades con piezas únicas, galerías de arte a diestra y siniestra, restaurantecitos cálidos y acogedores que dan ganas de almorzar entre treinta y cuarenta veces por recorrido…

En la Reestraat, por ejemplo destaca Fifties-Sixties, con sus accesorios de iluminación y artículos para el hogar varios de esas décadas. Es más que interesante ver tostadoras retro o ceniceros de cromo. What´s Cooking, en la misma arteria, muestra innovaciones y cositas divertidas para la cocina, con un tinte más modernoso.

A caminar se ha dicho
El paseo sigue por la Hartenstraat, donde resaltan los relojes vintage de Ámsterdam Watch Company, la peluquería Scissorhands y algunas boutiques con ropa para dama que invitan a revolver percheros.

En Gathius Molensteeg, la tercera de nueve, los locales se hacen más espaciados. Nic Nic presenta su colección de artículos barrocos, bizarros y curiosos, como piezas en baquelita, juegos de whisky de otras épocas y artefactos de iluminación vintage. A pocos metros, Antonia By Yvette tiene una colección de carteras y zapatos de diseñador que llama la atención aunque no tanto y ´T Kuyltje ofrece algunos cortes de carne deliciosos, incluyendo roast beef argentino.

De Oude Spiegelstraat sólo vale la pena detenerse en el local de diseño vintage Roerende Zaken, mientras que en la Wolvenstraat hay una casa de artículos eróticos (Zinne & Minne), un par de tiendas de ropa de segunda mano (Laura Dols y Second Best) y unas cuantas tiendas de diseño interesante. En la Berenstraat merece mención Mendo, casa de arte moderno, libros de diseño y CDs de los buenos…

Me tomo cinco minutos
Ya faltan sólo tres calles. La Ruunstrat es de las más pobladas y tiene de todo, mayormente de indumentaria femenina, masculina, formal, informal y todas las otras variantes que puedan ocurrirse. La Huidenstraat sigue en la misma tónica, aunque aquí son imperdibles la casa de mobiliario art decó Djoeke Wessing y la whiskería Cadenhead´s. Por último, la Wijde Hiesteeg alberga el Het Gele Huis, donde pueden encontrarse desde muebles de diseño hasta cubos mágicos y caleidoscopios.

Llega la hora de sentarse y la decisión no es nada fácil. Todos los lugares son lindos. Y esto no es una generalización ni una exageración. Están Damsteeg (comidas locales y tapas, en Reestrat), Van Harte (ideal para tomarse un trago), todos los de la Wolvenstraat (Brix, donde puede escucharse además buen jazz, Café Wheels, Barok, Wolvenstraat 23) o todos los de la Ruunstrat (el indonesio Cilubang, Lust, Van Rensch). La alternativa para quien quiera degustar lo mejor de la cocina nacional está en Berenstraat y se llama ´T Zwaantje.

Ah, y no se puede dejar de hacer una visita mínima al Hotel Pulitzer, construido sobre 25 casas restauradas de los siglos XVII y XVIII y un verdadero alarde de buen gusto.

“9 calles se caminan en 10 minutos”, un cálculo popular que queda totalmente sin efecto cuando se trata de Ámsterdam.

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