El viajar es un placer

Amberes: diamante en bruto

Posted on: marzo 17, 2008

La segunda ciudad más grande de Bélgica, luego de Bruselas, es la principal productora mundial de la piedra que es mejor amiga de las mujeres. Pero también es capital internacional de la moda y el diseño (autorrobada de Bacanal).

 

No es uno de los destinos turísticos más concurridos. Y sus autoridades tampoco se esfuerzan mucho: difícilmente el visitante encuentre una referencia histórica, un cartel indicador o un menú en un restaurante que esté en escrito en un idioma diferente del francés o del holandés. Pero más allá de esta hostilidad inicial hacia anglo e hispanoparlantes (y todos los parlantes de todos los idiomas, excepto de los dos mencionados), Amberes roza la perfección.

 

Su fama tiene forma de diamante. Y es que se calcula que el 70 por ciento de la producción de estas piedras preciosas se realiza aquí. Por eso es que hay un imponente museo dedicado al tema y hasta un barrio completo donde todas las vidrieras brillan hasta encandilar al paseante. El que tiene interés, puede visitar alguno de los talleres abiertos al públicos, en los cuales es posible ver cómo trabajan los artesanos.

 

Sin embargo, el que espere cruzarse con cientos de mujeres enfundadas en pieles blancas, con rostros ocultos tras grandes anteojos oscuros y perros mínimos alzados a upa, se llevará una gran decepción. Porque más allá de su diamantina especialidad, Amberes es también una de las capitales de la moda y el diseño. Y eso se nota en cada rincón: cada bar, cada restaurante, cada casa, cada local tiene un estilo único y definido. La onda es la clara dominadora del paisaje.

 

El mejor sitio para arrancar es el centro. El Grote Markt es la plaza central, bien rodeada por el edificio de la municipalidad y una serie de casas con techos a dos aguas que remiten a los cuentos de hadas. Es recomendable dejar la vista en alto durante un buen rato y maravillarse con las pequeñas diferencias que muestran las casas, con sus colores cambiantes de frente a frente y sus alturas levemente diferentes.

 

Catedral de noche y día

El paseo por el centro tiene que ser a pie, es obligatorio. Porque cada paso va a traer alguna sorpresa y porque es pequeño y abarcable. La Catedral de Nuestra Señora, de estilo gótico, en donde confluyen muchas de estas callecitas. Su torre de 123 metros se ve desde prácticamente toda la ciudad y, quien no esté lejos, deberá hacer dos visitas: una diurna, para poder apreciar el interior del edificio (con cuadros de Rubens incluidos), y una nocturna, para disfrutar de los efectos generados por la iluminación montada en todo el frente. Un dato: la construcción de la Catedral comenzó en 1352 y duró más de dos siglos: recién se terminó en 1559.

 

Un segundo paseo recomendado es por el barrio art noveau que está en los alrededores de la estación de tren Berchem. Si bien se nota un cierto aire de abandono (frentes con la pintura descascarada, pequeñas estatuas rotas, murales con fragmentos ausentes), los dos ojos no son suficientes para abarcar todo lo que hay para ver.

Ya de nuevo acercándonos al centro, los negocios trendy se ubican, principalmente, sobre las arterias Meir y Oudaan, aunque un poco más oculto se encuentra un imperdible: en el número 5 de la impronunciable calle De Burbuerstraat (atención personas de lenguas duras o tendientes a trabarse: aquí todos los nombres son bastante impronunciables) aparece Clinic, un verdadero catálogo de objetos raros y vanguardistas, que es, además, un paseo en sí mismo.

 

Si ya llegó la hora de comer, no hay ningún problema. La variedad de restaurantes en la zona cercana a la plaza central, en particular en la Hogstraat, es tan amplia como la diversidad de estilos gastronómicos. Los restaurantes italianos predominan visualmente, pero hay muchos locales que apuestan por los sabores propios de Amberes, entre los que se destacan algunos platos sencillos como las gambas grises o las papas fritas con mayonesa, un clásico de la zona. La cerveza belga despierta los más fanáticos nacionalismos y lo mejor es no criticarla negativamente en voz alta. Hay más de 200 variedades y los restaurantes suelen tener una carta completa con alternativas de esta bebida.

 

Un cacho de cultura

Ya con la panza llena, es hora de emprender otra de las misiones imposibles que propone Amberes: conocer sus museos. Debe ser una de las ciudades del mundo con más establecimientos por metro cuadrado: son más de 25 de primer nivel, a los que además hay que sumarles una bulliciosa vida cultural que incluye infinitas galerías de arte, cientos de librerías de viejo donde se hacen regulares lecturas de poesía, recitales en viejos locales abandonados y cuantos etcéteras hagan falta.

 

Los trabajos de Modigliani y Van Der Bergher son una excusa brillante para recorrer todo el Bellas Artes y, como corolario, tomarse un cafecito con vista a los jardines del fondo. El de la Impresión, por su parte, es distinto e interesante: muestra la evolución de ese arte en el seno de un viejo castillo que perteneció a una familia local que ejerció el oficio de imprimir ideas sobre papel por más de 300 años. Christopher Plantin llegó desde Paris en 1579 y creó la dinastía que continuó su hijo Jan Moretus y luego una gran lista de descendientes. El espacio se llama, precisamente, Museo Plantin-Moretus. Por supuesto, Rubens, ciudadano ilustre fallecido en Amberes en 1640 tras vivir aquí durante prácticamente toda su etapa productiva, tiene sus obras regadas por todos lados y un museo propio que funciona en lo que fue su casa, una interesante construcción de estilo renacentista.

 

Las muestras itinerantes del MoMU, el Museo de Arte Contemporáneo, exploran el estado de las cosas en los rincones más diversos del mundo. Este sitio tiene, además, una característica particular: posee tres baños, uno para damas, uno para caballeros y uno para artistas… Y en la que se dice capital mundial de la moda no podía faltar un museo en el que se expusieran los trabajos de los máximos diseñadores del mundo. En muchas muestras, los visitantes se pueden probar los modelos y sentirse en la pasarela, aunque sea por unos instantes.

 

Al igual que su principal producto, Amberes es un verdadero diamante para ser descubierto por los viajeros. La ciudad, no obstante, se niega todavía al embate de miles de turistas con sus cámaras de fotos disparando flashes en cualquier dirección. Y, como toda dama que se resiste, eso la hace aún más atractiva.

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1 Response to "Amberes: diamante en bruto"

[…] (Autorrobado del recuadro que puse en Bacanal de esta nota, ya autorrobada acá […]

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