El viajar es un placer

De shopping por el Gran Bazar

Posted on: marzo 11, 2008

“Dios quiere al que hace negocios”. Esta frase, en turco, rubrica la puerta de Nuriosmaniye, la principal entre las 18 que dan entrada al Gran Bazar de Estambul o, como se lo conoce en lengua original, al Kapali Carsi.En el corazón de Sultanhamet, la “ciudad vieja”, se erige desde hace unos 400 años este laberíntico centro de compras de 35 hectáreas y más de 80 calles. Tiene alrededor de 4000 locales (los conservadores dicen que son en realidad 3000, los exagerados aseguran que hay 10000), una arquitectura tradicional otomana (prestar especial atención a los techos), restaurantes, su propia estación de policía y una mezquita, además de algunas capillas menores.Lo primero que debe hacerse cuando se ingresa y se vislumbra la multitud de cabezas que van y vienen, es llevar la mano hacia el bolsillo donde se guarda la cartera y verificar que sigue allí. Es que los arrebatadores están a la orden del día, en particular los fines de semana, cuando la cantidad de gente que asiste agota la capacidad de los pasillos.Los negocios están divididos en sectores, según el tipo de mercadería que venden. Los comerciantes clásicos insisten en ofrecer samovares, kilims y ropas para odaliscas, pero cada vez son más los que muestran en sus estantes zapatos, carteras, jeans y otros productos, en general imitación de primeras marcas. La joyería también tiene un rol destacado en el lugar y hay quien asegura que, sumando lo que tiene cada uno de los 1500 joyeros que habitan el Gran Bazar, se alcanza la cifra de 10 toneladas de oro.Un cartel que emerge a lo alto resume con fuerza esa mezcla de tradición y modernidad que impera en todo el bazar. Su texto reza: “Narguile & Internet”.Un vendedor, un amigoEn cada vendedor del Gran Bazar el visitante encuentra un amigo. Estos hombres (prácticamente no se ven mujeres en los locales) parecen saber todos los idiomas existentes. A medida que uno se acerca a un negocio, el dueño de éste lo va mirando y sacando conclusiones según la vestimenta, el aspecto, la forma de caminar. Cuando la proximidad obliga al saludo, el vendedor no duda, y dice “buenos días” al que habla español, “bonjour” al que tiene francés como lengua, “bongiorno” a los nacidos en Italia, “good morning” a los angloparlantes y así, con variedades que incluyen, por ejemplo, el hebreo y el coreano.Luego viene la invasión. Uno no puede sólo “mirar” en el Gran Bazar. Todo el proceso de observación de productos estará acompañado del vendedor, que no cesará de hablar ni un instante sobre las bondades de estos, lo exclusivos que son y el buen precio al que lo puede dejar. Es una buena señal de etiqueta establecer una charla que no sea meramente comercial (la familia, la situación de trabajo, el fútbol o cualquier otro tópico son válidos).La siguiente instancia es una invitación a tomar un característico té de manzana. Uno no puede negarse, porque ni bien el vendedor pregunta si deseamos beber algo, aparece como de la nada un mozo que lleva diez vasos de cristal con figura femenina en una bandeja con manija, y deja uno en las manos del posible comprador.Si no interesa ningún producto, no habrá problemas. Pero si alguno resultó bonito, llega la última instancia: la del regateo. Nadie puede comprar nada en el Gran Bazar sin pasar por este momento. Si el vendedor dice que eso que se eligió tiene un costo de 10 liras, y se acepta sin titubear y se paga, éste puede llegar hasta a ofenderse. El comprador tiene la obligación de decir que vale 7, para que él pueda bajar hasta 9 y, finalmente, cerrar la operación en 8.Los dólares y los euros tienen tanta validez en el Gran Bazar como la nueva lira turca, una moneda que comenzó a circular este año y que le sacó 6 ceros a la denominación anterior.“Antes, todos los turcos éramos millonarios”, bromea Mehmet, un vendedor de lámparas, antes de afirmarle a su visitante que esa que está observando es la mejor que tiene, y que vale sólo 30 dólares, unos 39 millones de las viejas liras. No sé qué opinan ustedes, pero creo que por 20 se la lleva… (Artículo escrito a fines de 2004). 

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