El viajar es un placer

El culo sucio

Posted on: enero 30, 2008

Cuando un argentino llega de viaje de un lugar x (y “x” puede ser un verdadero paraíso), lo primero que responde a la pregunta “¿cómo te fue?” es “una porquería: no había bidé”. Es cierto que los baños de los hoteles de la mayor parte del mundo, incluyendo los cinco estrellas más fastuosos, carecen de esta ducha rectal. Pero la peor situación se da cuando, aún estando instalada ahí, donde debe estar, al lado del inodoro, el huésped no tiene la menor idea de cómo usarla. 

 

A la fecha debo tener unas 20 estadías (tal vez más) en el Grand Hyatt de Santiago de Chile. Voy allí desde que era un humilde Hyatt Regency. Igual, siempre que llego a sus instalaciones, hay dos cosas que no dejan de sorprenderme: su estructura cilíndrica con todo un lateral vidriado (es una sensación maravillosa la que produce mirar hacia arriba estando parado en el centro del lobby) y el inútil bidé de las habitaciones.

 

Cómo describirlo. A simple vista, parece un bidé. Taza con forma de cuerpo femenino acostado (petiso, eso sí), base con forma de embudo que se achica a medida que se acerca al suelo, color blanquísimo y dos grifos en los sitios que uno espera que haya dos grifos, uno para el agua fría y otro para el agua caliente.

 

El problema estriba en que no existe la hendija con pequeños agujeritos para que fluya esa lluvia inversa que ha hecho del bidé un implemento único. En cambio, hay una canilla entre los dos grifos que asemeja un pene a punto de perder la erección y que apunta hacia abajo.

 

Con mi espíritu científico he intentado develar cientos de veces cuáles son los pasos concretos que deben darse para lograr que el agua que sale de esa canilla pueda llegar de alguna manera a la cavidad anal. Lamentablemente, tal vez debido a la forma que la canilla tiene y que acabo de mencionar, nunca di el paso de llevar ninguna de esas teorías a la práctica.

 

En algún momento comencé a gestar una relación más distendida con uno de los muchachos que atienden el concierge, de nombre Paulo, en una especie de plan macabro de largo plazo: hacerme amigo de alguien del hotel y, una vez que tuviéramos la confianza suficiente, tirarle la pregunta sin anestesia: “discúlpame, pero… ¿cómo se usa el bidé de este hotel?”.

 

En diciembre pasado volví a Santiago, cerca de navidad. Durante todo el viaje en avión me estuve dando ánimos: era ahora o nunca. Ya en el aeropuerto Arturo Merino Benítez me sentí con seguridad plena. Ni bien llegara, incluso antes de hacer el check-in, abordaría a Paulo y me sacaría de encima la tremenda duda.

 

La mala noticia me la dio una chica a la que nunca había visto antes y que estaba parada justo detrás del mostrador de concierge: Paulo ya no trabaja en el Grand Hyatt de Santiago. Para colmo, su condición femenina hizo que yo no pudiese utilizar el envión que traía para tirarle la pregunta de todas formas. Así que tuve que volver a mi plan original, el que utilizo siempre que voy a Santiago y que paro en este hotel. Consiste, simplemente, de coordinar las actividades del baño de forma tal que, justo antes de ducharme, ejerzo mi derecho de hacer mi número dos. 

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2 comentarios to "El culo sucio"

Tenés que abrir la canilla fuerte y aprovechar el rebote (?) del agua

[…] caigo en esta ciudad, en el Grand Hyatt, hotel del que ya hablé en otras ocasiones (acá, acá y acá, por citar tres que recuerdo). Se me ocurrió pasar quince minutos por el sauna y, buscando un poco […]

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